jueves, 10 de agosto de 2017

Femicidio & Feminicidio, un tema de Derechos Humanos



Femicidio  & Feminicidio, un tema de Derechos Humanos

Autor: Mayra Alejandra Lana Cisneros


Introducción:
Los crímenes en contra de las mujeres y niñas, responden a factores estructurales,  insertos en una sociedad y mentalidad machista y patriarcal. No es preciso asociar este tipo de delitos a la delincuencia común pues los factores y motivaciones que derivan en ellos, son distintos.
Desde este punto de partida es preciso definir al patriarcado como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero, instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres, también en forma individual y colectiva, se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y

sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia. [1]           Existen varias características además, que personifican al patriarcado, podemos mencionar: la opresión, la sumisión de la mujer, la asignación de roles exclusivamente para el género femenino y por supuesto la construcción histórica que gira a su alrededor y se torna inquebrantable.
De lo transcrito, la violencia surge ante la  aparente “desobediencia” de las mujeres ante el sistema, se justifica y expresa de distintas formas  y su manifestación más cruenta es el femicidio.
En  Ecuador se registran hasta julio del presente año, más de un centenar femicidios que dan cuentas de la falta de preocupación del Estado por estos crímenes que concurren  por cuestiones  de género y misoginia. Un Estado que parece haber clausurado sus temas de discusión en torno a la violencia de género y el femicidio a partir de la ya conocida tipificación en el Código integral penal (COIP) del tipo penal denominado femicidio, tipificación bastante incipiente además  y que ha dado por sentado que la misma tipificación  cumplió con las exigencias de mujeres, supervivientes y organizaciones sociales que defienden los derechos de las mujeres.
Pero es necesario caminar mucho más allá. El femicidio que establece el COIP, es un problema más profundo, de Estado, de Derechos humanos. El femicidio constituye una forma de barbarie en donde  los factores sociales y estructurales que giran en torno a este tipo de  violencia, han sido totalmente descuidados en nuestro país, vulnerando derechos fundamentales básicos como el derecho a una vida libre de violencia y contraviniendo principios como el de igualdad y no discriminación normados en los instrumentos internacionales.
En el sentido más amplio se entiende como violencia contra la mujer …Cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado…” [2] de lo transcrito, la muerte de mujeres y niñas es la forma quizá más cruel de violencia, totalmente disimulada por el Estado Ecuatoriano y sus partícipes.
En el presente texto se abordará en primer lugar la diferencia conceptual  entre femicidio y feminicidio. Así mismo y  desde un enfoque de derechos humanos se explicará  brevemente la importancia del reconocimiento del término feminicidio en Ecuador que desde el punto de vista práctico se inserta como una figura que  aborda factores más extensos en torno a los delitos que se cometen en contra de las mujeres e implica  la responsabilidad del Estado y es un tema de derechos humanos eminentemente,  que va mucho más allá de la mera judicialización o tipo penal.
Se mencionará brevemente el rol de los movimientos de mujeres para visibilizar la violencia de género y lograr el reconocimiento de derechos y la despreocupación del Estado de encaminar este delito como un problema de Estado, de Derechos Humanos.

Desde el abordaje conceptual, el femicidio  o femicide se traduce como una voz homóloga a homicidio y sólo significa el  homicidio de  mujeres [3] término que fue acuñado para diferenciar los asesinatos que corresponden a la delincuencia común,  a los que surgen como producto de la violencia de género contra las mujeres y las niñas.
En Ecuador, hacia Agosto del 2014, con las reformas al Código Orgánico Integral Penal se definió y tipificó al femicidio en el artículo 141 de la siguiente manera:

“la persona que, como resultado de relaciones de poder manifestadas en cualquier tipo de violencia, de muerte a una mujer por el hecho de serlo o por su condición de género, será sancionada con pena privativa de la libertad de veintidós a veintiséis años.”

De las dos conceptualizaciones abordadas, tácitamente se puede desprender,  que en ellas no se menciona la responsabilidad del Estado frente a esta manifestación de violencia, tampoco se mencionan los factores estructurales que originan el cometimiento de los crímenes en contra de las mujeres, el femicidio se configura en nuestro país, sencillamente como  un tipo penal en el que no se explican causas, motivaciones, factores históricos, estructurales, no se establecen  responsables directos e indirectos, entre otros/as.[4] Colegimos que el término femicidio adoptado en la legislación Ecuatoriana es genérico, debe ser desarrollado. Su  tipificación deja mucha tela que cortar y no se adapta a la realidad social, cultural e histórica.
Entonces, surge la necesidad de conceptualizar el femicidio como feminicidio,  este último término ya  con un abordaje amplio, integral y completo que conjuga diversos factores como: la responsabilidad del Estado, la estructura del sistema, las motivaciones que lo producen y sobretodo el desafío de poner en discusión en lo político que los crímenes perpetrados por razón de género hacía las mujeres son un tema  eminentemente de derechos humanos. Desde este punto de partida es necesario conceptualizar al feminicidio como:

 “ el conjunto de  violaciones a los derechos humanos de las  mujeres  que  contienen  los  crímenes  y  las  desapariciones  de  mujeres  y  que,  estos  fuesen  identificados  como  crímenes  de  lesa humanidad que sucede  cuando  las condiciones   históricas   generan   prácticas   sociales   que   permiten atentados  violentos    contra  la  integridad,  la  salud,  las  libertades  y  la vida de  niñas y mujeres.”[5]

Otro concepto bastante amplio sobre feminicidio es el que lo define como el extremo de un continuum de terror anti-femenino que incluye una  amplia variedad de abusos verbales y físicos, tales como: violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente por prostitución), abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, golpizas físicas y emocionales, acoso sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, y en el aula), mutilación y otras/os, siempre que estas formas de terrorismo resultan en muerte.[6]
De lo transcrito, en el feminicidio concurren escenarios  como:  Las relaciones  de  pareja,  el  ámbito  familiar,  el  ataque  sexual  y  el  comercio  sexual[7], factores que han estado presentes en todas las sociedades y en la sociedad ecuatoriana no han sido una excepción, a estos escenarios se suma además, el papel de los medios de comunicación que constantemente oculta y tergiversa estos crímenes, promoviéndolos como casos aislados o motivados por celos. Así escuchamos a diario “Delitos pasionales” jamás los percibimos de modo integral,  no se explican los factores estructurales y el odio hacia las mujeres que generaron el cometimiento del delito,  que  obedecen  a condiciones de discriminación y subordinación de género arraigadas en nuestra sociedad.    
Posteriormente es necesario abordar, la apatía por parte de los actores de la sociedad  que niega y asila esta problemática. El papel de las mujeres que  normalizan y aceptan  las prácticas propias del patriarcado y se convierten en actores claves para el silencio, el aislamiento.
Además: la justicia es lenta, ineficaz e indolente,  no recepta denuncias a tiempo y las diligencias judiciales se prolongan de tal forma que exponen aún más a la víctima y su entorno. Cuando las agresiones o manifestaciones de violencia en contra la mujer se insertan en el sistema judicial es conveniente recordar que el papel de la  administración  de  justicia  no  debiera  ser  sólo  punitivo,  y  que  el  derecho  a  la  justicia pasa también por aclarar y sentar responsabilidades sobre los delitos cometidos.[8]
En lo que respecta al papel del Estado y del  gobierno, es evidente la omisión en cuanto a políticas de avanzada que tiendan a derribar las antes mencionadas estructuras y los estereotipos que giran en torno al machismo, pues es notoria la forma en la  que el patriarcado está institucionalizado en todas las esferas de poder  y se propaga  a las acciones cotidianas, el uso del lenguaje, el manejo de la información y la asignación de roles.
Frente a estas limitaciones, la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres a lo largo de la historia ecuatoriana se ha visto bastante reducida, podemos manifestar que esta lucha aún se caracteriza hacia el siglo XXI como maternal, incipiente y tal como lo mencionaba Handelsman, el movimiento feminista ecuatoriano no ansiaba mejores oportunidades para abandonar roles tradicionales sino para ejercerlos de la mejor manera[9] adaptándose indirectamente al pensamiento fálico y androcentrista que ha construido nuestra historia , sin lograr un cambio estructural que permita establecer posiciones claras en torno de la violencia en contra de las mujeres y que transgreda límites.
Las feministas son consideradas por el común denominador de la población como mujeres “extremistas”, se asocia la lucha feminista como una exageración, descontextualizada de la realidad y hasta ridícula. De lo dicho el movimiento feminista debería encaminar su accionar en:

… construir  una  propuesta  colectiva  y  política  que  respete tanto las  diferencias  y  diversidades  de  las  organizaciones  de  mujeres  en  relación  a  la  autonomía,  a sus  espacios y  participación  en  organizaciones  mixtas  y  solo  de  mujeres,  a  su  identificación o no  como feministas (en  la práctica las  organizaciones  de  mujeres  y  estas  en  sus  espacios  han ido  planteando  la  opresión  sexual  y  la  lucha  contra  la  violencia de  género  como  parte  de  su quehacer  político). Aquí los movimientos sociales entran en el quehacer del Estado…[10]

El hecho de  que lo personal se transforme en político,  implica que  las  discriminaciones y violencia que sufren las mujeres no sean consideradas como un problema personal y de “intimidad familiar” sino que trasciendan a todas las esferas del poder, que las agresiones en contra de las mujeres sean abordadas como un  delito de Estado,  en donde  el silencio social, la desatención, la idea  de  que  hay  problemas  más  urgentes,  la  vergüenza    y  el  enojo  que  no  conminan  a  transformar  las  cosas  sino    a    disminuir  el  hecho de que las muertas “no son muchas” sean desterradas.[11]
De lo establecido en el presente trabajo, se evidencia la importancia de que el  femicidio en el Estado Ecuatoriano se re conceptualice y deje de considerarse como un mero tipo penal sino que tenga un abordaje integral y sea visibilizado como un problema de derechos humanos. Asociando la responsabilidad del Estado y el  reconocimiento del mismo en el incremento desenfrenado de las muertes de las mujeres.
Es responsabilidad del Estado diseñar medidas integrales que partan desde políticas públicas en todos los ámbitos sobretodo en el de la educación, en el que se implementen programas encaminados a erradicar las prácticas que giran alrededor del patriarcado y se normalizan en la sociedad.
De igual forma, constituye un desafío para la aplicación  los derechos humanos de nuestro país analizar estos casos de extrema violencia contra las mujeres como una manifestación no aislada,  sino como un tema social que requiere activar distintas instancias del Estado y del poder para reducir las estadísticas actuales.
El reconocimiento del tipo fenal de femicidio en el COIP , constituyó un paso casi obligado por parte del legislativo frente a las múltiples recomendaciones que han surgido en torno a la problemática que aborda la violencia en contra de la mujer, sin embargo es bastante limitado,  pues con el mero hecho de tener un tipo penal establecido no podemos garantizar que se reduzcan este tipo de delitos ya que vivimos en una sociedad en donde las prácticas misóginas y machistas son plenamente aceptadas, normalizadas e incluso adaptadas por parte de los Gobernantes, las mujeres estamos aún relegadas en el erario de la vida social y política y somos constantemente ridiculizadas por exigir la equiparación de derechos y oportunidades y demandar transparencia así como eficacia en los casos en que la violencia se traduce en la muerte, la sociedad está acostumbrada a ver noticias relacionadas a  femicidios, los sigue llamando caso aislados, las mujeres son re victimizadas aún después de muertas y se las culpa por la violencia que se ejerce en contra de ellas, bajo cualquier justificativo, calificativo y discrimen. Todas las mujeres a lo largo de nuestras vidas sufrimos algún tipo de violencia, en diversos niveles, la subordinación política de género que nos abarca debe ser explicada y resuelta desde la responsabilidad del Estado e inserta en el feminicidio. Es necesario el reconocimiento del Estado de que la vida de las mujeres está en constante riesgo y que la  violencia  feminicida  florece  bajo  la  hegemonía  de  una  cultura patriarcal que legitima el despotismo, el autoritarismo y el trato cruel, sexista, machista, misógino, homófobo y lesbófobo alimentado por múltiples formas de discriminación[12] y que estas manifestaciones son alimentadas por la estructura misma del Estado que guarda complicidad con agresores, funcionarios, el sistema judicial, los estándares educativos, la estructura familiar y todos los imaginarios en los que se desarrolla una sociedad.
El femicidio es sólo un tipo penal, el feminicidio convierte a las muertes de las mujeres que derriban de una estructura patriarcal, misógina y machista en un problema de derechos humanos, en una forma de exterminio en contra de uno de los grupos más vulnerables de la sociedad por las condiciones de desigualdad en la que nos desarrollamos.










[1] Marta Fontela, “Diccionario de estudios de Género y Feminismos", Editorial Biblos 2008.Pág. 2
[2] Convención  Interamericana  para  prevenir, sancionar  y  erradicar  la  violencia  contra  la  Mujer Organización  de  Estados  Americanos  (OEA).  1995.  .  Convención  Belem  do  Pará.  Washington: OEA.
[Versión   Electrónica].   Recuperado   de:   http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-61.html
[3] Marcela Lagarde y De Los Ríos, “Antropología, Feminismo y Política: Violencia Femicida y Derechos Humanos de Las Mujeres”, Universidad Autónoma de México(UNAM), México, pág. 217
[4] Susana Gamba, “Feminismo: historia y corrientes”, Mujeres en Red. El periódico feminista, pág. 1
[5] Marcela Lagarde y De Los Ríos, “Antropología, Feminismo y Política: Violencia Femicida y Derechos Humanos de Las Mujeres”, Universidad Autónoma de México(UNAM), México, pág. 216.
[6] Radford, Jill; y Russell, Diana E. H. (eds.), “Femicide: The Politics of Woman Killing”, Nueva York, Twayne, 1992.
[7] Ana Carcedo, “Femicidio en el Ecuador”, Comisión de Transición Hacia el Consejo de las Mujeres y la Igualdad de Género, Ecuador, 2010, pág.22.
[8] Ana Carcedo, “Femicidio en el Ecuador”, Comisión de Transición Hacia el Consejo de las Mujeres y la Igualdad de Género, Ecuador, 2010, pág.60.
[9] Ana María Goestchel (comp.) 2006. Orígenes del feminismo en el Ecuador. Antología. Quito: CONAMU / FLACSO Ecuador / Secretaría de Desarrollo y Quidad de la Alcaldía de Quito / UNIFEM, “Estudio introductorio”, pág.25
[10] Santillana Alejandra, “Apuntes desde el feminismo popular en Ecuador: perspectivas, debates y tensiones”, Montevidéo, 2013.
[11] Marcela Lagarde y De Los Ríos, “Antropología, Feminismo y Política: Violencia Femicida y Derechos Humanos de Las Mujeres”, Universidad Autónoma de México(UNAM), México, pág.217
[12] Marcela Lagarde y De Los Ríos, “Antropología, Feminismo y Política: Violencia Femicida y Derechos Humanos de Las Mujeres”, Universidad Autónoma de México(UNAM), México, pág. 234

martes, 14 de febrero de 2017

Febrero/14


Faltan pocos días para que se cumplan tres años de haber conocido a mi agresor:

Al principio era la persona que siempre soñé, preocupado, atento, cordial, detallista. Yo me había mantenido alejada de relaciones afectivas porque disfrutaba de mi soledad y de la compañía de mi Balita (mi primera hija) sin embargo él tuvo la habilidad de enamorarme,  pues pese a que mi situación era complicada pues jamás podía salir porque tenía la responsabilidad de cuidar a mi hija, él se adaptó perfectamente a esta situación y comenzó a frecuentarme en mi casa, compartir tiempo con mi hija, quien al principio se sentía feliz de que estemos juntos pues él le colaboraba en sus deberes y estaba presente todo el tiempo.

 Aproximadamente en el mes de Junio hace un par de años,  yo recibí la noticia de que estaba embarazada de mi segundo hijo lo que para mí fue una enorme alegría pues habíamos desde el inicio de la relación mantener una relación formal y seria hasta formar una familia.

Al principio me sentí totalmente apoyada sin embargo paulatinamente comencé a notar su ausencia,  recuerdo que en varias ocasiones tuve que asistir al médico sola pues yo atravesaba un embarazo de alto riesgo, mi madre vino a cuidarme la mayor parte del tiempo y la otra me cuidaba una señora que contratamos para que atienda las necesidades de mi hija y del hogar pues yo no podía realizar ningún esfuerzo físico.

Sin embargo me dejaba largos períodos de tiempo en el total abandono, constantemente durante mi embarazo me insultaba y gritaba vía mensajes de texto o por llamadas telefónicas, siempre me sacaba en cara todas las cosas que hacía por mí y yo en un punto ya había decidido estar sola pues su violencia verbal destrozaba mi autoestima, varias veces escuche que me dijo que le agradezca que  “trago” por él y que el colchón en el que duermo como princesa lo compró él. 

Habían noches enteras en las que no podía conciliar el sueño pues leía una y otra vez los mensajes de texto que me enviaba en los que me tildaba de miserable, estúpida, tarada, limitada, inválida mental entre otros calificativos que creo que he decidido expulsarlos de mi memoria, sin embargo yo estaba profundamente enamorada de él y siempre regresaba a sus brazos.
Yo alguna vez le dije que mi embarazo fue la peor época de mi vida, pues la mayor parte del tiempo me dejó sola, incluso en varias ocasiones me dijo que no podía sostener a su hijo en mi vientre, que era “muy delicada”  y por estas situaciones pasaba en reposo, que me predisponía a que me pasen cosas malas.

Cuando mi hijo nació fue prematuro y calmó un poco los ánimos en él, quien se mostró atento y preocupado con la crianza de mi hijo, era innegable que para mí era el padre que siempre soñé tener.
Sin embargo apenas mi hijo cumplió un mes y medio logramos verle un problema en su ojito derecho y yo me asusté demasiado, en efecto el día que le comuniqué sobre lo que le vimos a mi hijo él me dijo que era una exagerada y que no podía cagar plata para llevarle a mi hijo a cada rato al doctor por lo que tuve que acudir donde uno de mis mejores amigos que aquel día me acompañó hasta la noche en donde finalmente una oftalmóloga pudo ver los ojos de mi hijo y le dio su diagnóstico de catarata congénita, me indicó que se le debía operar lo antes posible.
En efecto,  realizamos todas las gestiones para operarlo y finalmente fue intervenido por primera vez, aquella ocasión mi hijo usaría unos lentes de contacto los cuales se dañaron dos días después de su adquisición por lo que decidimos ponerle lentes fijos, cuando me entregaron los lentes de mi hijo y se los puse me invadió una ternura extrema y le tomé una fotografía sin embargo al bajar esta fotografía en redes sociales recuerdo que me dijo que la gente no tenía por qué tenernos pena y que borre esa fotografía pues se prestaba para la burla y el bochorno y que la gente era mala.

 Lo hice, borré la fotografía.

Unos días después asistí por recomendación del oftalmólogo a un centro para personas con discapacidad visual para que mi hijo luego de operado reciba su estimulación pues era un niño con baja visión, al llegar a aquel lugar la psicóloga me explico sobre la discapacidad que tenía, la misma que yo desconocía hasta ese momento y como madre exploté en llanto, lastimosamente cuando Diego recibió la noticia vi mucha frialdad y yo no podía dejar de llorar. Cuando salimos del lugar me dijo que le daba ganas de darme un par de patadas por portarme así, que soy una cobarde, que lloro por todo y que me hago problemas por absolutamente todo, tenía a mi hijo en brazos y me lo quitó a la fuerza y se retiró del lugar haciéndome caminar detrás de él y diciéndome que no era capaz de afrontar un problema y que me escudaba en mis lágrimas.
Eran días buenos y malos pero la mayor parte del tiempo lloraba profundamente pues me sentía sola pero  él siempre volvía a veces con una botella de vivo, otras con alguna golosina o algo para calmarme y pedirme disculpas, en una ocasión me levantó la mano y me rompió el labio cuando le profería algún tipo de reclamo. 

Durante el embarazo y después evidencié infidelidades, en una ocasión pese a que le envié las capturas de pantalla en las que me traicionaba el me dijo que “tanto la persona que me envió, como yo éramos un par de locas” y que habíamos realizado un montaje en su contra sin embargo al darse cuenta que era una verdad evidente me escribía y llamaba a pedir perdón asumiendo su responsabilidad y diciendo que lo único que quería era alejar de forma pacífica a esa desequilibrada mental que nos quiere destruir el hogar..

Yo accedía a tal punto que en una ocasión le escribí a esta chica para insultarla, lo mismo que hice con la mamá de su hija pues Diego me había dicho que ella lo buscaba y se había ofrecido cuidarle a mi hijo, incluso la primera chica a la cual me refiero,  me dijo cómo Diego le propuso en una ocasión que se maten si no pueden estar juntos y le manifestó la intención de quitarme a mi hijo para que ellos lo criaran juntos.

Antes de que él vaya a vivir conmigo,  en una ocasión cuando él llegó de un viaje de trabajo yo reclamé porque no se había comunicado conmigo y él reaccionó por segunda ocasión y me golpeó en la boca, me acosté a llorar en la cama y el empezó a remedar mis sonidos cuando lloraba burlándose, diciéndome pobrecita la víctima, llora la pobrecita y me imitaba, todo lo que decía y le pedía, imitaba mis quejidos. 
Le pedí que se vaya,  sin embargo se acercó a mí llorando y me dijo que no lo haría que le disculpe, que es su peor versión,  pero que asuma mi error, asuma mi responsabilidad, asuma mi culpa, que él me ama…

Le besé con mis labios llenos de sangre y me tomó de la mano y me llevó a desayunar, acariciando mi cabello y diciéndome que me ama y que no peleemos delante del bebé.

La obligación económica que me tocaba afrontar ME AGOBIABA  pues era yo quien pagaba la mayor parte de cuentas de la casa en excepción la señora que le cuidaba a mi hijo a quien él le pagaba el 40% de su salario porque yo se lo exigía porque no me alcanzaba,  sin embargo el siempre me dijo que no tenía dinero pues debía pagar las cuentas de los gastos médicos de mi hijo y la pensión que le daba a su hija por lo que yo en un gesto de solidaridad entendía estos particulares. 

Sin embargo un 11 de marzo de 2016 el me comunicó que tenía una demanda de alimentos de la madre de su hija,  pero que eso ella lo había hecho por dañar nuestra felicidad, yo me sentí agobiada pues no supe todo el tiempo que hacía con su dinero, periódicamente traía a la casa  ropa, accesorios y regalos costosos que me decía que le auspiciaban por ser imagen de un canal de televisión, ahora sé que todos esos regalos se los entregaban sus parejas. Yo le hice el reclamo y le dije que por favor ya no puedo seguir con él que no puedo afrontar ese peso, que esa deuda no es mía y él me dijo que era poco solidaria y que no actuó con empatía, yo le pedí que se vaya donde sus tías.

Aquella mañana de horror yo debía encontrarme para desayunar con mi hermana, mi mamá y mi hija sin embargo al pedirle a Diego que se vaya o que cuando yo regrese ya no esté, él me encerró en el departamento que compartíamos, le puso a mi hijo en su corral  y me tapó la boca y cuando yo comencé a gritar pidiendo auxilio me decía que llore más, que nadie me va defender, me lanzó en el piso del corredor del departamento, me comenzó a patear, recuerdo que serían por lo menos 30 patadas que recibí en el piso, luego me arrastró de los pelos al cuarto y me decía ¡aquí nos matamos hija de puta! anda a limpiarte ese hocico que te apesta, no te atrevas a nombrar a mi familia, yo nunca paré de gritar, nunca pedía auxilio, GRITABA ¡me están matando!, un par de vecinos golpearon las ventanas pero él me encerró en el baño y con un balde agua que yo había recogido me empezó a mojar la cara y a regarme agua helada por el cuerpo diciéndome que me tranquilice, tapándome la boca y manifestando que no me dejará salir de ahí si no me calmo. 

Ventajosamente vino el guardia del conjunto y le pidió que abriera la puerta yo salí del baño y agarré a mi hijo y el abrió el departamento que estaba con llaves. Salí llorando, llena de sangre y empapada, mi hijo lloraba y el guardia me dejó en un taxi.

Al llegar donde mi hermana estaba llorando amargamente, les dije que me ayuden a bañarme para poder ir a denunciarle sin embargo mi mamá no quizo acompañarme por lo cual llamé a uno de mis mejores amigos y asistimos a la unidad de flagrancia en donde me hicieron el reconocimiento médico legal y me dijeron que formalice el día lunes la denuncia, esos días sin ropa, sin nada para mi hijo y para mí dormí en la casa de mi hermana en un colchón, mi hija no asistió a clases el día lunes pues no tenía los uniformes. 

Yo asistí al trabajo con un dolor insoportable en las piernas y en los brazos era tan fuerte que no podía ni dejar que las sábanas me rozaran el cuerpo por lo que acudí a Aprofe en la esquina de mi trabajo y me hice examinar por un medico quien me diagnosticó síndrome de maltrato domestico dándome cinco días de reposo, le mostré aquello a mi jefa y salí de mi oficina sin embargo estaba consciente que debía formalizar la denuncia por lo que acudí con dos amigas mías pero lastimosamente el operador de justicia receptó mi denuncia y al terminarse su horario de trabajo me dijo que regrese al día siguiente a firmar, nunca más regresé.

Aquella noche por pedido de la administradora se me comunicó que él  ya no podía ingresar al condominio, y le puse su ropa fuera de casa, el fué a vivir donde una de sus tías y pasó allí durante un mes.

En aquel mes el me escribió muchas veces, me dijo que de un par de patadas nadie se muere, al día siguiente me decía que asuma mi miseria y que él asume su culpa, ocho días después me envío este mensaje al mail:

Destacar  diegovalencia10 .
20 de marzo de 2016, 20:50Para: Mayra Alejandra Lana Cisneros , Mayra Alejandra Lana Cisneros
Te ruego e insisto May. Reflexiona... Es desaguisado decir "hazte responsable" cuando lo he sido siempre. A mi hijo por mérito mutuo no le ha faltado nada... Te ruego no me quites el crédito y la credibilidad en las cosas que las tengo. ASUMO MI RESPONSABILIDAD EN TODO incluso en lo que no debí hacerte... Por favor, perdóname. Si debemos ir a terapia JUNTOS hagámoslo. Su actitud no suma no resuelve... No nos alejes más... No nombres a mi familia... Fíjate en que si no tuviera a la Martha a donde iría? No le llames "alcahuete", porque quien me botó como un perro fue usted May... Con razón o no, pero lo hizo. Tengo reflexión y empatía... Sé que la estás pasando mal, pero te ruego, detente a pensar como la estoy pasando yo... Ha sido una semana de las peores en la vida... Siempre he tenido el espíritu conciliador. Por eso les he acercado a los tuyos a ti Mayra... Pero a mí quién me ayuda a acercarme a usura de vuelta? Nadie... Estoy solo en contar de todo! No me dejes Mayra. No dejes que el Benja me deje de ver por favor... Me muero sin él. Cambia tu actitud. Hablemos. Pongámonos de acuerdo cómo usted quiera... Pero no le utilice al Papacito... Es todo lo que tengo. No me queda nada más...  

Yo durante ese tiempo mantenía conversaciones con Diego y empecé asistir a un sicólogo, tomé pastillas para dormir, sin embargo Diego nunca asistió a terapia pese a que le dije que él se comprometió y sería una condición para volver con él, el me dijo que le dé el dinero pues no tenía un solo centavo para acudir a las terapias que el cambio depende de cada uno y que él está consciente de lo que hizo pero me recalcó siempre que yo tenía mi cuota de responsabilidad.

 Durante este mes yo tuve que afrontar demasiado dolor físico y emocional, miedos , temía que alguien me matara en la calle, tenía miedo de caminar, sentía que alguien me observaba a través de la ventana, soñaba que él me pegaba, adelgacé casi quince libras, sin embargo el día del terremoto en Manabí el me escribió y yo estaba asustada y le pedí que venga a acompañarme y así lo hizo, ya no volvió a irse de la casa, la primera vez que hicimos el amor recuerdo haberse puesto a llorar pidiéndome disculpas por el daño que me hizo diciéndome que siente haberme golpeado, porque soy una mujer hermosa y delicada, que todo esto le afecta a mi hijo. 

En aquel mes el vio una sola vez a mi hijo y cuando lo hizo me susurró al oído lo hermosa que estaba y que me ama, los insultos no paraban jamás yo discutía con el porqué habían enteros en los que él no llegaba a nuestra casa, además hizo de su consumo de marihuana algo permanente y aquello me resultaba poco adecuado para mis hijos pues mi hija ya es casi una adolecente, recuerdo que un día mi hija me regalo una pipa que encontró en sus cosas sin saber lo que era y yo estallé en llanto.

Era de casi todos los días escuchar la palabra estúpida, miserable, enana de cuerpo y de mente, analfabeta funcional, macha con faldas, machito con faldas, loquita, paranoica, alterada emocional, alterada mental, mitad belleza y mitad miseria, macha, los sicólogos hicieron un trabajo de verga contigo, madre guerrera y luchona, estúpida, imbécil , turulata.

Me grabó un par de veces diciéndome que tenía un abogado que me va desnudar lo miserable que soy que era influyente y poderoso, que defendía a los talentos de televisión, llora loquita, grítame loquita, que te estoy grabando me decía en algunas ocasiones. Si no fuera porque soy buena persona te  volvería a cagar a patadas porque eres miserable.

Constantemente me enviaba fotografías de él mostrando el dedo del medio.

Desde que el volvió a la casa tuvimos demasiados problemas, pasábamos peleando todo el tiempo y yo retomé la terapia sicológica pues sentía que debía librarme de esta relación tormentosa en un par de ocasiones fui a vivir con mis dos hijos donde mi hermana pues ya no soportaba más y él no quería salir de casa, me decía que no va salir de ahí que el es un hombre respetable y que nadie va destrozar su imagen, que es también su casa y que además no tiene dinero para irse a vivir sólo así que tendré que aguantarme, una noche yo estaba durmiendo junto a él y escuche que alguien me gritaba en la oreja y pensé que era un sueño pero al despertar estaba él gritándome hija de puta mientras dormía, se encerraba en la habitación de mi hija a dormir, yo iba a pedirle disculpas por haberlo ofendido supuestamente y él me decía que ya no me quiere pero que ya no tenía a donde ir.

Finalmente un día la  doméstica que trabajaba con nosotros fue a cobrar su parte de la liquidación sin embargo el le dijo que no le va pagar y que le cobre como pueda, que ella es cualquier cosa a lado de él, que nadie se mete con su imagen, que a él todo mundo le conoce porque es un caballero.

 La señora salió entre lágrimas diciéndole que a ella nadie le trataría mal, que a ella no le pegaría como él me pegó a mí, que lo va a denunciar y ese día yo decidí sacarle de mi vida porque estaba asustada en sus ojos vi maldad, odio, vi destrucción. Mi hija estaba llorando en su cuarto y yo le pedí que se vaya.  El entró al cuarto donde guardaba su ropa y empezó a botarla por la ventana, ese día salió de la casa y regreso en la noche, yo estaba acostada en mi cama con mis hijos, en la tarde tuve que recoger la ropa en medio de la lluvia porque los vecinos se quejaron de que se veía mal.

Tenía miedo, vergüenza, tenía frustración, amor, todo conjugado, todo me dolía.

Al día siguiente entré a la habitación y le dije que le ruego que se vaya, me le arrodillé y me dijo que no se va ir porque nadie le va sacar con un perro y que desde que volvió no me ha hecho nada para que lo bote, “sólo salgo de aquí con un policía me dijo” y yo tomé a mi hijo en los brazos y acudí a la policía, les dije que ya no quería vivir con él, que él me maltrata y me grita y ellos me ayudaron y lo sacaron de casa.

Varias veces le pedí perdón como si yo fuera la culpable, el me buscó aduciendo que me ama, que hablemos de su hijo y un día me citó en el centro comercial para darme pañales para mi hijo al no llegar un acuerdo en torno a sus visitas y cuidado se levantó y en presencia de todas las personas que estaban en el patio de comidas me dijo macha con faldas, feminista de a verga, cobarde, te escudas en tus lágrimas para no mostrar tu miseria, se dio la vuelta y se retiró del lugar.

No era su única victima, maltrató y engañó a sus ex parejas, a la mamá de su hija. 

Lo denuncié esta vez sí…

En más de cuatro meses he recaído, le escrito cuando él me ha escrito, le he pedido hasta perdón de mis errores, pero ya no podía mas…

Siento que durante años viví con una persona que me usó, me pegó, me bañó, me engañó, me hizo sentir culpable, me alejó de mi familia y amigos, me aisló de todo y yo permanecía a su lado por mantener mi hogar, no quería volver a equivocarme nunca más.

Por eso no creo en el amor romántico, por eso no quiero 14 de febreros…

El día de hoy me llamó ladrona, tuve que pedirle por primera vez a mi padre que me defendiera, hoy 14 de Febrero recibí un abrazo de mis hijos.